Yo soy el dueño de mi destino, soy el capitan de mi alma.
Reconforta ver una pelicula esperanzadora. Reconocer a una persona que cree en el potencial del ser humano. Todas las minorías deberian tener un Nelson Mandela. Lloré. De alegría.
Muy recomendable
Estuve toda la semana pasada intentando recordar cual era la última película que había ido a ver al cine. No lo recordé hasta ayer, que volví a ver el cartel.
La conclusión a la que llego es que fue una tarde de distracción, pero sin aportar nada más. Si no sabes que hacer y quieres pasar un ratín distraído, esta es la tuya.
A lo largo de mi vida, que no es muy larga, han pasado personas que en algún momento significaron algo para mí. Con la mayoría de ellas he ido perdiendo contacto. Con unas porque nuestros caminos han discurrido por distintas direcciones, con otras por diferencias que, aunque no irreconciliables, hacen que sea difícil compartir intereses, con otras por el olvido…
Pero también están los desaparecidos. Los que duelen. A los que por coherencia personal, he querido hacer participes de mi lesbianismo, y desaparecieron. No se si se enfadaron, se sintieron ofendidos, asustados o amenazados, no preguntaron .Juzgaron y sentenciaron. Desaparecieron. Desde el dolor no puedo más que llegar a la conclusión de que nunca fueron. Que nunca fuimos. Y estoy convencida de que me deben algo, me deben una parte de mi vida que me han robado.
Leo en el periódico que han reducido la pena de 21 a 16 años a un marido que ha dejado a su mujer tetraplejica, por no estar acreditado que “el acusado atacara a su mujer de forma sorpresiva”, que majo. Será que la había avisado de que esto pasaría. Vamos a premiar su generosidad.
Necesito pensar si estoy sorprendida o enfadada.
Siempre que sucede alguna catástrofe natural como la que nos ha azotado estos días, son muchos los conflictos que se generan. Esta vez, me ha sorprendido uno en especial.
En cuanto las noticias llegan, por más lejano que sea el territorio desafortunado, nuestras conciencias reaccionan y se ponen en marcha los mecanismos de solidaridad que tan necesarios son para intentar minimizar los efectos de la desgracia. Muchos de nosotros albergamos la duda de las cantidades reales que llegan a ser ayudas efectivas para los damnificados. Para mí eso es un riesgo que, en tanto que inevitable, merece la pena correr. En este momento no hay opción. Dejar de aportar, para que no se enriquezcan algunos, que ya encontrarían otra manera de enriquecerse, perjudica a los de siempre.
Esta claro que lo deseable es que se hiciera mejor, pero, a falta de lo perfecto, me quedo con lo mínimo. Otro tema recurrente es la necesidad o no que hay de mostrar algunas imágenes que no se sabe muy bien si están enfocadas en la intención de informar de la situación real o de impactar a la audiencia con secuencias cada vez más crudas. ¿Es la batalla de la información o de la audiencia? ¿Buscamos despertar consciencias o enganchar al espectador a la pantalla?
Haití ha sido distinto. Además de todo ello, tenemos nuevas críticas. Algunos países europeos han criticado a Estados Unidos por lo que han llegado a llamar “ocupación”de Haití. Pero, ¿nos estamos volviendo locos? Es posible que hayan tomado el control del aeropuerto, que los marines estén organizando la seguridad en el país (creo que ha mediado una autorización de las pocas autoridades locales que hay en un territorio donde no ha quedado casi nada en pié), que tomen decisiones y por tanto cometan equivocaciones, pero están ahí. Y llegaron antes que nadie, y no organizaron una cumbre para ver que hacían. Tienen los recursos y los pusieron a disposición de los que los necesitaban. Todos hemos hecho lo que hemos podido. Mi comunidad autónoma ha enviado bomberos, y seguro que las vuestras han aportado todo lo necesario.
Estados Unidos no es precisamente popular allí donde manda marines, sus actuaciones a veces distan mucho de la idea que tenemos de las películas que consumimos, pero no hay alternativa. La Onu tarda en organizarse, Europa no tiene ningún mecanismo, ni ejercito humanitario, que pueda hacer algo parecido. ¿Que hubiera sido lo correcto?, ¿A que teléfono tenían que haber llamado para empezar a organizar la ayuda? La verdad es que no son perfectos, pero son el mal menor.
Aún a riesgo de parecer ilusa, me atrevo a proponer que en una de esas miles de reuniones que tienen, que llaman cumbres, consigan tomarse en serio esto de la globalización y entiendan que si los problemas son globales, las soluciones deberían serlo. Atrevámonos a exigirles dejar a un lado los intereses de cada uno de los países, continentes o lo que sea y proponer algún mecanismo que se active automáticamente en estos casos. Un ejército humanitario Global. Puede que sea difícil, algo que no esta al alcance de cualquiera, pero es que ellos son los lideres políticos mundiales, tienen sus responsabilidades. Y una de ellas es intentarlo.